PRIMERA NOCHE
PRIMERA NOCHE LEJOS DE MAMÁ
La noche caía sobre el pueblo con una calma envolvente, mientras las luces del día se desvanecían lentamente en el horizonte. Después de un viaje lleno de emociones y nuevos paisajes, finalmente llegamos a nuestro destino: una hermosa casa rodeada de exuberante vegetación. El aroma fresco de las plantas llenaba el aire, creando una atmósfera tranquila y reconfortante.
La casa era grande y acogedora, con un patio lleno de vida. Patos, pollos y gallinas deambulaban libremente, disfrutando de los últimos momentos de luz del día. Mis nuevos dueños los alimentaron con granos de maíz, mientras yo observaba con curiosidad este nuevo mundo que se abría ante mí.
La noche se cernía sobre nosotros, trayendo consigo una oscuridad más densa de lo habitual. Todos estábamos cansados por el viaje, y era hora de ir a dormir. El niño me llevó a su habitación, donde una cama acogedora nos esperaba.
Me acomodé en sus brazos, sintiendo el calor reconfortante que emanaba de su cuerpo. Pero mientras me dejaba llevar por la comodidad de aquel momento, un sentimiento de nostalgia se apoderó de mí. Recordé a mi madre, el calor de su abrazo, el sonido reconfortante de su ronroneo.
Las lágrimas brotaron de mis ojos, mojando mi suave pelaje. Me sentía perdido, lejos de mi hogar y de la seguridad que me brindaba mi madre. Pero entonces recordé sus palabras, las palabras de despedida que resonaban en mi mente: "Tendrás nuevas aventuras, hijo mío. Sé valiente y nunca olvides quién eres."
Con esas palabras como guía, me di cuenta de que debía seguir adelante. Aunque extrañaba a mi madre y a mi hogar, sabía que debía aprender a vivir en este nuevo lugar, con esta nueva familia que me había acogido con tanto amor.
Así, entre sollozos silenciosos y susurros de consuelo, me entregué al sueño, con la promesa de un nuevo día lleno de oportunidades y descubrimientos.
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